Belchite – Recordatorio fantasmal de la Guerra Civil Española
<a title="Crédito" href="http://www.flickr.com/photos/maguisso/3281929263/" target="_blank">Crédito de la imagen del usuario de Flickr - luisvilla</a>

Belchite – Recordatorio fantasmal de la Guerra Civil Española

Belchite

Conforme te acercas a la ciudad fantasma de Belchite, en la provincia española de Aragón, el suelo se vuelve de un rojo intenso, casi como una señal de que el lugar al que te aproximas está empapado en la sangre de la batalla. Belchite es tal vez el recuerdo más poderoso en España de la devastación que la guerra (en este caso la guerra civil de 1936-39) puede llevar a las poblaciones humanas. Sigue permaneciendo hoy en día como lo era en su rendición el 1 de septiembre de 1937.

El 24 de agosto 1937 vio el comienzo de la batalla de Belchite. La Guerra Civil Española le costó la vida a más de 300 mil personas y hoy el pueblo puede ser visto como un tributo silencioso a las personas – cualquier persona – que perdieron la vida en el conflicto. Sin embargo, la ciudad quedó inicialmente como está por motivos políticos mucho más oscuros.

La batalla fue parte de una gran ofensiva del Ejército Republicano (comunistas, socialistas y liberales, de manera muy sencilla) en Aragón.

Belchite estaba a lo largo de la línea que les llevaba a su objetivo final de la capital de la provincia de Zaragoza y el resultado fue un baño de sangre que duró dos semanas. La batalla dejó la ciudad como ruinas humeantes de la muerte, edificios destruidos y cadáveres, unos mil seis.

La resistencia Nacionalista (el ala derecha, fascista en pocas palabras) en Belchite fue feroz. Bajo el constante bombardeo de la artillería, más los capacitados pilotos de combate rusos, los defensores nacionalistas, que eran unos siete mil, sostuvieron la ciudad hasta el 7 de septiembre, cuando fue tomada por los republicanos.

Había americanos involucrados en esta batalla. El Batallón Lincoln-Washington (en el lado republicano – voluntarios, no enviados por el gobierno de los EE.UU.) recibió la orden de tomar la iglesia. Veintidós estadounidenses se unieron en el primer asalto – y sólo sobrevivieron dos. Un ataque de distracción más tarde permitió que el batallón americano entrase en la ciudad, pero sufrieron bajas aún mayores.

Sin embargo, debido a los retrasos en la toma de la ciudad, el ejército nacionalista fue capaz de llevar refuerzos a Aragón y la ofensiva a gran escala en Zaragoza estaba condenada al fracaso. Cuando la guerra terminó en 1939, el liderato del país fue asumido por el general Franco, que adoptó una política de tolerancia cero hacia los partidos de la oposición y los sindicatos.

Franco ordenó a los prisioneros republicanos volver a Belchite y reconstruirlo – siendo su argumento de que como lo habían destruido entonces era su responsabilidad restaurarlo. Sin embargo, el dictador tuvo una idea perversa, un truco bajo la manga – que la ciudad debía dejarse destruida y una nueva tenía que ser construida al lado de ella. Pretendía que fuese un recordatorio de los daños causados por las fuerzas del comunismo en España.

Así, la nueva ciudad fue construida al lado y el viejo Belchite fue abandonado a su suerte y todavía hoy da una fuerte (aunque higienizada) impresión de cómo el pueblo se veía al final de la batalla. El decreto de Franco se ha observado diligentemente. Aunque hay algunos edificios que se han tenido que apuntalar, la ciudad se ha dejado a las fuerzas de la entropía y el ambiente en general es uno de negligencia deliberada, que se podría decir que es absolutamente como debe ser.

Muchos de los restos son muy llamativos, en particular, las iglesias y la vieja torre del reloj. Muchas de las esculturas que adornaban el exterior de las casas siguen estando más o menos intactas. Hay pocas restricciones sobre el turista errante – puedes ir a donde quieras. Sin embargo, los turistas deben ser conscientes de que existe un riesgo de caída de mampostería.

Parece que hay un poco de desgana por parte de las autoridades españolas de preservar adecuadamente el sitio, debido posiblemente al hecho de que la guerra civil que dividió al país y a su gente (por no hablar de sus consecuencias bajo el puño de acero de Franco) aún conserva esa capacidad. Tal vez las palabras de Albert Camus son una forma adecuada de poner fin a esta visita a Belchite.

Fue en España donde mi generación aprendió que uno puede tener razón y ser derrotado, que la fuerza puede destruir el alma, y que a veces el coraje no obtiene recompensa. Es esto, sin duda, lo que explica por qué tantos hombres en todo el mundo consideran el drama español como una tragedia personal.

-Prefacio a L’Espagne Libre, 1945 wikiquote

 

http://www.youtube.com/watch?v=ZKkAwf5VEdg

http://www.youtube.com/watch?v=a4BuEKt1pcM

Como dato curioso (algo que me han comentado por las redes sociales) el grupo Skizoo grabó el videoclip de su canción Nada es Imposible en esta ciudad 😉

 

Fuente: kuriositas * Belchite

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